La agricultura urbana es, como su nombre lo indica, el cultivo de alimentos en una urbe, es decir en una ciudad o pueblo. Es algo que hoy muchos no tienen en cuenta cuando piensan en ciudades, ya que se piensa que solamente se puede cultivar alimentos en el campo, en donde hay grandes cantidades de tierra disponibles. Sin embargo, el mundo hoy ofrece (y exige) diferentes posibilidades de agricultura urbana que pueden ayudar a mitigar el hambre y, de paso, reducir la huella de carbono de los alimentos que consumimos.

Cuando pensamos en las grandes ciudades colmadas de gente -hoy existen ya varias ciudades en el mundo con unos 20 millones de habitantes-, pocos se imaginan que allí puede haber cultivos eficientes de alimentos. Es cuestión de ser creativos. Les propongo repasar algunos de los proyectos de agricultura urbana más interesantes que se están planeando y poniendo a prueba en distintos lugares del mundo y que, por qué no, podrían ser aplicados también en grandes ciudades de la Argentina y América Latina.

Agricultura urbana en Japón

Japón es un país que siempre se encuentra a la vanguardia. Los japoneses no solamente se destacan por sus avances tecnológicos, sino también por su gran conexión con la naturaleza a través de esa faceta espiritual que tanto los caracteriza.

Agricultura urbana en Spread -Kyoto-En concordancia con eso, la empresa Spread ha creado, en Kyoto, una granja vertical autónoma que es capaz de producir 30.000 lechugas por día. Con la ayuda de robots que simplifican los procesos y los hacen más eficientes, la empresa planea incrementar la producción a 500.000 lechugas diarias en los próximos cinco años. Se trata de un método novedoso que además no necesita la utilización de pesticidas y también permite la reutilización del 98 por ciento del agua que se usa, con lo cual el producto es orgánico y al mismo tiempo sustentable.

Francia, siempre a la vanguardia

 

En la comuna de Romainville, la firma de arquitectura Ilimengo diseñó un jardín vertical que, a diferencia del proyecto japonés, busca aprovechar al máximo la energía del sol. Se trata de una forma más “tradicional” de agricultura urbana.

Agricultura urbana en Ilimengo -Francia-El diseño se asemeja a un invernadero común, pero se eleva varios pisos hacia arriba. Esto permite que entre mucha luz en forma natural, que se mantenga una temperatura ideal para los cultivos, y que a la vez estos se encuentren protegidos de posibles pestes.

Es una forma más tradicional, pero no menos innovadora, de pensar la agricultura urbana. No será tan eficiente y robotizada como el proyecto japonés, pero eso puede ser visto justamente como algo positivo ya que promueve, de alguna manera, el contacto humano con el cultivo de alimentos, algo que el proyecto japonés evita por completo. Un detalle no menor: se integra perfectamente con el paisaje urbano y le da un toque de “naturaleza”.

Estados Unidos, también a la vanguardia en este tema

En este país del Norte, la empresa B AeroFarms diseñó granjas verticales aeropónicas similares a las que propone la empresa japonesa Spread en cuanto a la utilización de la tecnología para hacer los cultivos lo más eficiente y productivos posible. La técnica de la aeroponia es una variante de la hidroponia, pero que utiliza 40 por ciento menos de agua que aquella, y 95 por ciento más agua que la agricultura tradicional.

Utilizando iluminación LED de última tecnología y analizando datos a través de un software especializado (para lo cual se asociaron al gigante tecnológico Dell) logran una producción muy eficiente y libre de pesticidas. Además, la empresa utiliza macetas de una tela que está hecha a partir de plásticos reciclables y que, alegan, ayuda a hacer más eficientes los cultivos.

Hacia un futuro más sustentable

Como podemos ver en los tres ejemplos (hay muchos más a nivel mundial), el mundo está virando hacia la producción de alimentos a través de cultivos más eficientes e inteligentes. La agricultura urbana es clave cuando pensamos en un mundo que, para 2050, tendrá unos 2 mil millones de personas más y que deberá saber aprovechar, reutilizar y cuidar los recursos y el medio ambiente de la mejor forma posible. Estos proyectos no solamente promueven cultivos más eficientes, sino que además reducen sustancialmente la huella de carbono de los productos que consumimos, evitan la utilización de pesticidas que contaminan la comida y el medio ambiente, y ayudan a reducir la cantidad de agua necesaria para producir los alimentos que consumimos a diario.

Fuente: NP

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