Sumiteru Taniguchi, quien sobrevivió a la bomba atómica detonada en Nagasaki cuando era un adolescente y se convirtió en uno de los principales activistas para el desarme nuclear, murió el miércoles en Nagasaki. Soportó el terrible dolor y las enfermedades relacionadas con la radiación durante décadas; falleció a los 88 años.

La causa de su muerte fue cáncer de la papila duodenal, según Fumie Kakita, secretario general del Consejo de Sobrevivientes de la Bomba Atómica de Nagasaki.

Taniguchi era uno de los 165 mil sobrevivientes restantes —conocidos en Japón como hibakusha— de las bombas atómicas lanzadas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Con un promedio de edad que actualmente es de 81 años, sus voces se están apagando.

“Tras recibir la noticia de su muerte, reflexioné que la era de los hibakusha se acerca a su final”, dijo Tomihisa Taue, alcalde de Nagasaki, a la televisora pública de Japón. “Creo que verdaderamente le podemos mostrar nuestra gratitud a Taniguchi cuando pueda entregar el relevo para cumplir su sueño, que era que no volviera a ocurrir un ataque con una bomba atómica y que nunca más existan hibakusha“.

Estados Unidos lanzó la bomba en la ciudad portuaria de Nagasaki el 9 de agosto de 1945, tres días después de que arrasó con la ciudad de Hiroshima al realizar el primer ataque atómico en la historia. Alrededor de 74 mil personas murieron en Nagasaki; casi la mitad de las que murieron en Hiroshima. Seis días después del ataque en Nagasaki, Japón se rindió y así terminó la Segunda Guerra Mundial.

El día del ataque, Taniguchi —en ese entonces, de 16 años— entregaba correo en su bicicleta al norte de la ciudad, a poco más de kilómetro y medio de la zona cero.

Cuando la bomba detonó en el cielo, la fuerza de la explosión lo empujó y el calor derritió su camiseta de algodón quemó la piel de su espalda y de un brazo.

Tres meses después, fue llevado a un hospital naval, donde permaneció acostado sobre su estómago durante casi dos años. Por lo cual se le formaron llagas en el pecho y le quedaron cicatrices permanentes. Taniguchi pasó más de tres años y medio en el hospital después del ataque. En algunos momentos, tenía tanto dolor, afirmó él, que gritaba a las enfermeras: “¡Mátenme! ¡Mátenme!”.

En 1946, las fuerzas armadas estadounidenses filmaron su tratamiento. Las imágenes fueron compartidas en todo el mundo y a Taniguchi se le conocía como “el joven de la espalda roja”. Al pronunciar discursos para llamar a la abolición de las armas nucleares, algunas veces mostraba fotos de sus quemaduras para ilustrar el terrible sufrimiento relacionado con el uso de las bombas.

Una década después de la guerra, cuando Taniguchi había aprendido de nuevo a sentarse, mantenerse parado y caminar, se unió a un grupo de jóvenes sobrevivientes y comenzó a trabajar como activista. Habló en homenajes en Hiroshima y Nagasaki y participó en marchas antinucleares en Nueva York. Continuó pronunciándose sobre las armas nucleares hasta poco antes de su muerte. El año pasado, viajó a Malasia para dar un discurso contra la proliferación nuclear.

Taniguchi nació el 26 de enero de 1929 en Fukuoka, en la isla de Kyushu. De acuerdo con el periódico local Nagasaki Shimbun, su madre murió cuando Taniguchi tenía solamente 18 meses y su padre, un operador de trenes, fue enviado a Manchuria durante la guerra. Con su hermana mayor y su hermano, Taniguchi se fue a vivir a Nagasaki con sus abuelos maternos.

Tras graduarse de la secundaria, comenzó a trabajar en el correo.

En 2006, Taniguchi fue nombrado presidente del Consejo de Sobrevivientes de la Bomba Atómica de Nagasaki, y en 2010, dio un discurso en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York durante una reunión para considerar un tratado de no proliferación. Un mes antes de la muerte de Taniguchi, las Naciones Unidas adoptaron el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares.

“Desempeñó un papel tremendamente importante”, dijo Terumi Tanaka, secretario general de la Confederación de Japón de Organizaciones de Afectados por las Bombas Atómicas y de Hidrógeno. “Pero a menos que todos los países firmen el tratado, no hay garantía de que las armas nucleares desaparecerán”.

Tanaka agregó: “Quería que él siguiera trabajando conmigo para lograr nuestra meta final. Él apostó su vida entera a este movimiento”.

Cada año en el aniversario de la bomba atómica en Nagasaki, así como cualquier día en el que algún país realizaba una prueba nuclear, él asistía a una protesta en el Parque de la Paz, en Nagasaki. De acuerdo con el periódico Nagasaki Shimbun, Taniguchi estuvo presente en 396 protestas.

En la ceremonia por el 70 aniversario de la bomba en Nagasaki, Taniguchi criticó al gobierno del primer ministro de Japón, Shinzo Abe, por impulsar proyectos de ley que permiten a las tropas japonesas participar en misiones de combate fuera del país. Taniguchi señaló que los proyectos pueden conducir a Japón de nuevo a la guerra.

“Estoy decidido a seguir contando la realidad de la guerra nuclear como uno de sus sobrevivientes”, dijo Taniguchi, “para lograr un mundo sin guerras ni armas nucleares mientras yo siga vivo”.

 

Fuente: The New York Times/ Por MOTOKO RICH

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